martes, 09 de marzo de 2010

Los síntomas y la enfermedad




El día 4 de marzo se inauguraba en el MuVIM la exposición fotográfica L’any de la tempesta. Un día después, sus organizadores, la Unió de Periodistes Valencians, decidió retirarla ante la censura ejercida por el PP valenciano, que obligó a descolgar diversas fotografías en las que se reflejaba no sólo la existencia de la trama Gürtel sino también el mero hecho de que el PSPV-PSOE existe.
Tamaño atropello a la libertad de expresión ha sido enérgicamente condenado por nuestro partido, como puede comprobarse en las declaraciones de Marylène Albentosa, Carmen Alborch, Nuria Espí y del propio Secretario General del PSPV-PSOE, Jorge Alarte (vid.: http://www.socialistesvalencians.org/ y también en: http://www.pspv-psoevalencia.org/actualidad/9409/). Por supuesto, la gravedad del hecho no se le ha escapado tampoco a gran parte de la prensa española ni, mucho menos, a los que nos movemos habitualmente por internet. La dimisión (hoy lunes 8 de marzo), por coherencia y dignidad, del director del Museo, el catedrático de la Universitat de València, Román de la Calle, les ha impedido, a los responsables políticos, echar balones fuera y les ha puesto ante su auténtico retrato: el de unos intolerantes muy alejados de los estándares democráticos.
Llama la atención, a este respecto, la forma en que algunos de los medios e internautas no valencianos comentaban dicha noticia. Unos comentarios que iban desde la sorpresa a, por supuesto, la condena. A esto último, desde luego, nos sumamos todos los progresistas valencianos. A la sorpresa, desde luego que no, porque este ejercicio de intolerancia, directamente atribuible a quienes gobiernan la Diputación de València (de quien depende el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad), con su presidente Alfonso Rus a la cabeza, no es sino un episodio más de la intolerancia que les caracteriza. Una intolerancia que lleva a tratar de prohibir las actuaciones del cómico Xavi Castillo o a insultar de forma grosera a los enseñantes poco sumisos con el poder establecido.
Pero no nos engañemos, estos ataques a la libertad de expresión no son privativos de la Diputación de València ni de su Presidente. Acciones semejantes las hay a lo largo y ancho de nuestra Comunidad aunque muchas de ellas no merezcan las portadas de los diarios de tirada nacional. De hecho, los mismos valencianos nos sentimos tentados cada vez más a que nos parezcan normales, que es el primer paso para considerarlos inevitables, como si la única alternativa que nos quedara ya fuese arrojar la toalla.
No pretendo, de ninguna de las maneras, hacer aquí un catálogo de tropelías, aunque sería interesante crear una especie de museo virtual de la censura donde se recopilen todos estos ataques, impidiendo así que caigan en el olvido. Quiero, en cambio, poner de relieve que nos encontramos ante una sintomatología compleja (censura, listas negras más o menos encubiertas, recortes arbitrarios de subvenciones, disolución de circuitos, amenazas a sindicatos…) que pone de manifiesto que el cuerpo cultural valenciano está enfermo, procupantemente enfermo… Tanto que genera abcesos autoritarios que rozan lo grotesco, como el protagonizado hace pocos días por el Ayuntamiento de Alboraia (del PP, por supuesto) que suspendió, por no rentables, unas representaciones en el Teatre de l’Agrícola de esa localidad, a pesar de que el grupo Azotea teatro se ofreció a actuar gratuitamente
Ahora bien, ¿de qué está enferma nuestra cultura? Jorge Alarte ha hecho el diagnóstico preciso durante su intervención en el acto Hui també és huit (http://www.socialistesvalencians.org/news/view/527). En efecto, afirmó allí que la sociedad valenciana en su conjunto está sufriendo un proceso de devaluación democrática que se traduce en “un grave retroceso para la democracia en la Comunidad Valenciana”. Y, como es bien sabido, la cultura es uno de los ámbitos más sensibles ante cualquier retroceso de las libertades públicas.
Diagnosticada la patología, ¿es posible aplicar terapias que atajen el desarrollo de la enfermedad? Por desgracia, en la situación en que nos encontramos –con las fuerzas progresistas fuera del gobierno de gran parte de las instituciones valencianas– sólo son posibles medidas paliativas. Me consta, por ejemplo, el extraordinario esfuerzo que los Ayuntamientos con gobiernos municipales progresistas están haciendo para mantener en pie estructuras culturales que desde el PP se obstinan en demoler. Me consta también el esfuerzo que muchas asociaciones privadas hacen en el mismo sentido. Las mismas Universidades valencianas (con la Universitat de València a la cabeza) están asumiendo que, en medio de este panorama de obscurantismo creciente, han de convertirse en faros culturales para el conjunto de la sociedad valenciana.
Pero no hay bastante. La sociedad civil ha de reaccionar, ha de abandonar ese pesimismo en el que el PP nos ha instalado. Manifestar enérgicamente su rechazo ante episodios de censura como el sufrido por la exposición L’any de la tempesta. Y no sólo esto, por supuesto: no limitarse al rechazo, buscar alternativas constructivas para visualizar lo que se pretende ocultar, para difundir lo que se quiere acallar, para multiplicar –en fin– las iniciativas en pro de una cultura progresista y en libertad para nuestra Comunidad.



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